miércoles, 12 de junio de 2013

GAVIOTA EN EL AIRE



GAVIOTA EN EL AIRE

—¿No lo ves? —María me habla poniendo la mano enfrente de mis ojos. El cielo está azul y blanco.
—¿El qué? —respondo, le acaricio la mano, con ternura. María me inspira ternura.
—El cielo, el mar... El aire. ¿No lo sientes?
—No sé bien a que te refieres —María pone su mano encima de la mía y  comienza a moverla a su ritmo.
—A esto —me dice—. A esto, Caro —agita su mano y con ella va la mía. Me muestra una gaviota.
—¿El qué? —respondo—. ¿El qué?
—¿No lo ves? ¿La gaviota?
—No, no la veo.
—Pero,  ¿cómo que no? ¿Cómo no puedas verla? Si está ahí, ahí, surcando los aires y los vientos, llevada por la ráfaga y la corriente, acoplándose a donde el viento vuela, pero yendo donde quiere. ¿Cómo no puedes verla?
—Pues porque no está ahí —María navega su mano y la mía por entre una nube, un cielo azul y un avión que vuela—. No hay ningún pájaro —le digo—, no hay ningún pájaro.
María se está volviendo loca, pienso, desde que perdió el trabajo y tiene tiempo se está volviendo loca, más loca si cabe. El tiempo no puede hacerle nada bueno a nadie. No puede hacer más que piense en cosas que no pensamos los demás, en vivir en ese mundo de las ideas y cielo azul, y nubes blancas que desaparecen difuminadas, y de pájaros en vez de aviones.
—María, no hay ningún pájaro —le digo—. Es un avión —le aparto su mano de la mía.
—¿Cómo que no? Mira —María toma mi mano de nuevo y me acaricia los dedos—. Cierra los ojos, Caro, cierra los ojos y mira.
María pasa su mano sobre el cielo de nuevo y aprieta sus pies sobre la arena.
—Hazlo tú también —me dice—. ¿Tienes los ojos cerrados?
—Sí —le digo.
María aprieta mi mano fuerte y le da un inesperado voleo, luego, suelta mi mano que queda suspendida en el aire.
—¿Lo ves ahora? —me dice—. ¿Ves ahora la gaviota que surca el cielo?
Me quedo muda. No respondo y mi mano permanece suspendida, siento el viento que agita mi mano, y me dejo llevar.
—¿Comprendes ahora? —siento que me mira— ¿Comprendes?
Pero sigo muda, en silencio y sin abrir los ojos, reposando mi gaviota.
María se levanta y se apoya a mi lado, siento la temperatura de su boca.
—Yo sabía que tú comprenderías —siento más calor cerca—. Siempre hay gaviotas en el cielo.
María me toca, me da un beso, un beso tierno sobre los labios, y siento que navego. No necesito abrir los ojos. Sé que la veo.


© Texto: Yiyi M. E, "Gaviota en el aire", 2013.
Imagen: Visita de gaviota, Nestor Martinez Perez - Artelista

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